Somos nuestras palabras

por | Oct 14, 2014 | Columnas

Nuestro vocabulario nos define. Criogenizar es una palabra de nuevo cuño que aún no ha registrado la RAE, pero lo tendrá que hacer. En el diccionario ya estaba criogenia, que tampoco es muy antigua. Leo en las noticias que hay una empresa que ha solicitado permiso para construir el primer cementerio criogénico donde almacenar cuerpos congelados. Es curioso como nuestras palabras pueden definirnos como sociedad, pues que hayamos creado una palabra como criogenizar o un concepto como cementerio criogénico significa que tenemos miedo de irnos para siempre, incluso después de muertos. Aunque la ciencia nos advierta de que al congelarnos el hielo rompe nuestras células y ya no existe vía posible hacia una futura resurrección, preferimos estar congelados en la eternidad, con estalactitas en la nariz y cara de pasar mucho frío, antes que desaparecer en un horno crematorio o, peor aún, en la digestión de un gusano.

Lo paradójico de todo esto es que nosotros nos iremos, pero la que ya no se va a morir nunca es criogenizar, pues las palabras nunca mueren. Algunas veces pasan un tiempo en la nevera, congeladas, pero siempre vuelven. Sus células resisten mejor al frío, digo yo. Por poner unos ejemplos de palabras derrotadas por el desuso, diré que estoy seguro de que, cuando menos lo esperemos, volveremos a usar fiambreras para llevar al guateque la comida que compramos en la tienda de ultramarinos y lo pasaremos fetén con nuestros amigos.

Leo también en la noticia que hay quién pide que lo criogenicen vivo y concluyo que es una estupidez pues, si el hielo destruye las células, es algo así como un suicidio. O peor aún, como matarse en el intento de no morirse nunca. Nos hemos vuelto idiotas. Sólo si fuéramos palabras, pienso, tendría sentido criogenizarse. Llamo la atención de mi tía, que está viendo la tele en el salón, y le pregunto si cuando se muera quiere que la criogenicemos o qué. Ella quiere saber si eso cuesta más que incinerarse y le contesto que supongo que sí, que salir ardiendo es un momento, pero estar congelado hasta la eternidad tendrá sus gastos de mantenimiento. Entonces, a voz en grito y a sus 89 años, me dice que calcule el dinero que pagaríamos por criogenizarla y nos lo gastemos en comprarle botellas de anís y en organizarle comilonas. Que si es por ella, cuando muera podemos tirarla a un pozo. No se sorprendan, en lugar de los ganglios infectados que usted y yo podemos o no tener en las axilas, a mi tía todavía le salen golondrinos en los sobacos.

En negro sobre blanco

 

Hola, me llamo Andrés Cardenete, soy periodista y profesor de Literatura. En este blog encontrarás una recopilación de mis artículos de opinión y de una suerte de piezas periodísticas basadas en lo que me transmiten fotografías que he bautizado como «cuentografías» porque me hacía gracia. Mi trayectoria profesional me ha llevó de los medios, al mundo de la comunicación y, finalmente, a la docencia pero siempre me apasionó el columnismo. En esta web mato el gusanillo con noticias de información periodística sobre temas que me interesan y con artículos opinativos.

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